Inception

Nolan sueña a Borges soñando a Cervantes

Reseñas

Diana Campo nos entrega su primera colaboración para Vortice Online. Se trata de una reseña y análisis de la más reciente entrega cinematográfica  de Christopher Nolan: Inception

Sábado, 24 de Julio de 2010
6 comentarios

Auspiciado por:

Afiche oficial de Inception

El hidalgo fue un sueño de Cervantes
y don Quijote un sueño del hidalgo.
El doble sueño los confunde y algo
Está pasando que pasó mucho antes
Jorge Luis Borges.

Cuando escuché referencia de que William Gibson había descrito en su twitter este filme como uno “borgiano”, me hice la idea de que podía esperar algo interesante. Inception es el largometraje más reciente del director Christopher Nolan, mejor conocido por su acto heroico de salvar la franquicia de Batman de las garras del kitsch. También tiene en su resumé joyas del cine como Memento y The Prestige, así que no había duda de su aptitud y la calidad del producto final.

La publicidad de Inception, sin embargo, no prepara a nadie para el salto conceptual que nos presenta este filme: no se trata de cambios de tiempo y espacio o de realidades paralelas, elementos a los cuales estamos acostumbrados gracias al género de ciencia ficción como se ha trabajado hasta ahora. Las escenas de Inception más bien bailan entre los distintos niveles de la consciencia de sus personajes.

La premisa de la película no es fácil de presentar. Los cortos cinematográficos que se presentaron durante los últimos meses dejaban a la audiencia en un what-the-fuck colectivo. Ahora bien, una vez entramos en la película de lleno, no se nos hace tan difícil: un grupo de mercenarios se dedica a saquear el subconsciente de sus víctimas para información e ideas valiosas. Para esto, utilizan una nueva tecnología – la cual no explican, aunque afortunadamente no es necesario para entender el resto de los detalles – para entrar en los sueños, y por ende al subconsciente, de su víctima dormida. Su última misión es la más complicada: plantar el origen de una idea completamente nueva y foránea en la mente del heredero de una corporación importante. Para hacer esto, el líder de los mercenarios, Dominic Cobb, estima que será necesario ir más allá de un solo nivel de subconsciencia. Para lograr su meta, deben ir “más profundo”, es decir: no basta con que el sujeto sueñe con la idea; el sujeto debe soñar que soñó la idea.

La gente sueña para sentirse vivo

La narrativa nos presenta una serie de personajes cuya importancia para el desarrollo de la trama es única para cada uno; no obstante,  resaltan los personajes de Dominic Cobb (Leonardo Di Caprio), Mal (Marion Cotillard), y Ariadne (Ellen Page). Estos personajes irán un poco más allá para llevarnos al meollo del asunto, lo que entiendo que es el verdadero significado de este filme. Mientras Cobb se está preparando para su última misión, Ariadne – su nueva arquitecto de entornos para los sueños donde trabajan – se percata de que Cobb trae un enredo muy personal que complica toda la historia: su esposa, Mal, falleció recientemente, y Cobb la incluye en todas sus misiones subconscientemente, con el desafortunado resultado de que ella siempre intenta arruinarle todos sus planes. También incluye a sus hijos, casi como si fueran filigranas, en todos sus sueños; y es que Cobb tuvo que abandonarlos abruptamente, y el pago por esta última misión es la resolución de todos los problemas que le han impedido verlos.

Ariadne lo confronta en varias ocasiones, cada vez con mayor preocupación: la inmersión del subconsciente de Cobb en sus misiones es disruptiva, y podría resultar fatal en su encomienda final. Los múltiples niveles de subconsciencia en los que se está sumergiendo el grupo no permiten un despertar típico, que con morir en el sueño basta para despertar de él. En este último caso, si mueres, quedas en un tipo de limbo en tu propio subconsciente, virtualmente incapaz de despertar.

Cobb y Ariadne

Las tecnicalidades que se nos exponen en la película son fácilmente digeribles, y podemos entender en gran parte el plan de los mercenarios para entrar y salir de las múltiples capas del sueño.  El argumento, fuera del elemento del sueño, es interesante: un hijo hereda el reino corporativo de su padre, pero sólo quería ganarse su respeto y su amor – no es nada originalísimo, pero a muchos nos gusta ver esa telenovela ocasionalmente de nuevo. Los visuales son espectaculares: se abstuvieron de incluir seres míticos y nubecitas rosa en los sueños de los personajes, pero nos maravillaron con las posibilidades que nos ofrecen un poco de time- and physics-bending. La música, aunque para algunos de mis acompañantes resultó ser excesivamente dramática en algunos momentos, a mí me resultó apropiada e instrumental a la hora de zambullir al espectador en las aguas emocionales de Inception.

Pero la gema real de esta película es el concepto detrás de la trama: el sueño dentro del sueño dentro del sueño… hasta perder noción de dónde queda la realidad. Gibson menciona a Borges y estoy en total acuerdo, pero se olvida de mi querido Cervantes, amadísimo escritor español, creador del Quijote. Esa realidad dentro de la realidad, ese mirarse en espejos eternos, ese perderse en las propias fantasías es puro antojo cervantino y quijotesco. De hecho, podemos observar una referencia casi literal a este concepto en una escena en la cual Ariadne, dentro de un sueño compartido con Cobb, crea un pasillo a base de reflexiones de un espejo con otro: se trata de una alusión directa a los diferentes niveles de consciencia que estarán navegando. Al igual que en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, este filme no trata la trama como su único argumento; también se trata del nivel de realidad del argumento, del autor detrás de personaje, de la producción de la obra misma. Annalee Newitz trae a nuestra atención en su reseña de Inception para io9.com que la película en gran medida es acerca del propio proceso de crear películas – un poco de referencia cíclica aquí, la película apuntándose a sí misma para resaltar… ¿la maestría del director? ¿la delicadeza del proceso de creación? Independientemente de la razón, si lo pensamos de esta manera, la cabeza ya nos empieza a nadar en una sensación de asombro. Cervantes logra cosa similar en Don Quijote en el prólogo del primer tomo, que trata precisamente acerca de su proceso de redacción del propio prólogo.

Ariadne manipulando el sueño/realidad

La belleza del asunto es que Inception, al igual que Don Quijote, no deja las referencias circulares ahí, y juega con la percepción de la realidad por parte del espectador – véase la vertiginosa vorágine de sueños dentro de sueños dentro de sueños: si no se presta atención, seguramente el espectador se perderá en las instancias narrativas – y la realidad percibida por parte de sus personajes. Cobb aparenta estar seguro en un principio de cuál es su realidad y cuáles son los sueños en los cuales él se desplaza; pero, mientras más Ariadne destapa y confronta sus conflictos personales, más nos percatamos de que Cobb está forcejeando con el límite que demarca los dos mundos. ¿Cuáles son sus hijos realmente? ¿Con los que sostiene conversaciones telefónicas furtivas, o a los que nunca les ve el rostro en cada sueño que visita? ¿Cuál es su verdadera esposa dentro del condominio donde mantiene a todas sus iteraciones encerradas? ¿O acaso Mal es aquélla que lo persigue de sueño en sueño arruinando sus tareas? Cada vez tiene que recurrir más frecuentemente a su totem, aquel amuleto de peso y proporción exactos que guarda en su bolsillo para recordarle precisamente dónde su realidad está anclada. No obstante, es curioso pensar que este totem lo arrebató del escondite donde su esposa lo había guardado en uno de sus sueños compartidos, escondido en una caja fuerte para permitirle a ella olvidar que los sueños sólo sueños son.

Cobb, al igual que don Quijote, lucha con las fronteras de su realidad, lucha con su percepción borrosa de esa frontera, y no se entrega enteramente a la locura hasta el momento en que confronta a su mujer dentro de un sueño de múltiples niveles, en su propio mundo derrumbándose como castillo de arena ante la erosión de las aguas de la realidad. En esta confrontación, Cobb tiene que aceptar que él, tanto como a ella le ocurrió en vida, tampoco tiene una idea clara de cuál es su realidad. Vivir de sueño en sueño – compartiendo con Mal estas vivencias ajenas, envejeciendo con ella, luego viéndola morir prematuramente, luego viéndola continuar a su lado como antagonista perenne en sus labores – convierte a Cobb en una suerte de don Quijote: él sabe cuál es su realidad, como también sabe que la realidad él puede hacerla como le dé la gana siempre y cuando renuncie a la primera y se comprometa a vivir la segunda. De tanto vivir estas realidades intercambiablemente, Cobb se pierde, pierde su sanidad, pierde su identidad, pierde su realidad en el torbellino perpetuo de un trompo.

Un momento de pausa y duda

El desenlace es la estocada que finalmente pasa de ser un mind-fuck típico a ser una experiencia / concepción/ entendimiento que nos vuela la cabeza en mil pedazos: si somos consecuentes con la experiencia, podemos incluso vernos en el espejo de Cobb y percatarnos de que ya no se trata meramente de poder discernir el sueño de los momentos de vigilia: nos están retando la realidad, así de simple y sencillo. Esto que estamos viviendo y que entendemos como realidad, ¿es un sueño también? Inception no nos da la respuesta, pero definitivamente nos crea la duda.

Inception logra espectacularmente lo que otras películas intentan – y en el mejor de los casos logran adecuadamente: tal como en Eternal Sunshine of the Spotless Mind, The City of Lost Children y The Matrix (por mencionar algunas), Inception navega el mind-bending, la temática de las profundidades de la psiquis humana. Contrario a las demás películas mencionadas (y tal como lo hicieran Cervantes y Borges), Inception deja al espectador dudando de su propia realidad…