El simulacro en Do Androids Dream of Electric Sheep? II

Mecanismos disimulados y almas programadas

Ensayo

En la segunda entrega de una serie de cuatro, Alejandra Reuhel nos invita a tomar en cuenta el seductor simulacro de la realidad que nos dejó Philip K. Dick con su obra más (re)conocida: Do Androids Dream of Electronic Sheep?

Sábado, 16 de Julio de 2011
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En “The Precession of Simulacra”, Baudrillard habla de la función del simulacro, lo simulado – aquello que, en una era donde estamos constantemente bombardeados por imágenes e información, sólo se presenta en lugar de representar – tanto como lo disimulado. El simulacro es un concepto que se manifiesta en diversos aspectos  (como la política, la religión, la filosofía, el arte, la educación, la cultura popular… en fin, todo aquello que permea en la forma en que moldeamos nuestra visión de la realidad). El simulacro es el modelo que precede la realidad, en lugar de un origen real. En cuanto a lo simulado y el acto de simular, simular es pretender tener lo que verdaderamente no se tiene, mientras disimular es pretender que uno no tiene lo que tiene. La distinción, según Baudrillard, yace en el hecho de que al disimular, enmascaramos la verdad con una imagen irreal (la realidad permaneciendo intacta), y al simular, reproducimos una imagen que parece real. En palabras de Baudrillard, la simulación “amenaza la diferencia entre lo ‘verdadero’ y lo ‘falso’, lo ‘real’ y lo ‘imaginario’.”

En Do Androids Dream of Electric Sheep?, uno de los principales conceptos en juego es la definición de lo que es ser humano (versus ser mecánico). El humanismo se limita a una pequeña serie de características; si están presentes, cualificas como humano. Pero el concepto de ser humano no juega un papel en el plano de lo real; haciendo referencia al mapa metafórico de Borges, el concepto del humano viene siendo el mapa que sustituye el territorio del cual lo que queda es un desierto.

El “humano” en el mundo ficticio de Do Androids… es el humano simulado; un androide simula carácteristicas consideradas humanas – como las principales: la empatía, el amor y una consciencia moral -. Sus cuerpos están diseñados a la perfección; no hay rastro de una naturaleza mecánica a simple vista.  Disimulan su construcción mecánica con apariencias biológicas. El humano “original” (tanto como las referencias a éste) se ha perdido totalmente de las psiquis de los habitantes de la Tierra. En este futuro ficticio, la determinación de humanidad en un ser humano(ide) recae sobre una prueba que mide reacciones físicas indicativas de respuestas emotivas (la prueba Voight-Kampff). La diferencia entre lo verdadero, lo falso, lo real y lo imaginario está constantemente amenazada en Do Androids… y en la mayoría de las instancias, totalmente destruida.

Recapitulando lo dicho en el artículo anterior, en Do Androids…, la Tierra está poblada mayormente de humanos simulados (androides) que no saben que lo son. La revolución geológica y social ha forzado a casi todos los seres humanos “reales” a salir de la Tierra – ya que sus condiciones no sostienen la vida orgánica, – y se han propagado las simulaciones. Pero aún dentro de esta sociedad ciber-orgánica, existen rituales, mitos y mentiras diseñados para controlar las emociones de la población. El ejemplo principal es el mito de la distinción entre un humano y un androide: el sentir empatía y participar de ritos espirituales convence a los “humanos simulados” (o sea, los androides ignorantes, tales como Rick Deckard) de que son, realmente, humanos debido a su educación y condicionamiento social. El mito que se ha propagado en la sociedad es que los androides no coexisten con los humanos y que son seres destructivos, temibles por su carencia de emociones. El trabajo de Rick Deckard, de hecho, es cazar androides, sinónimos de amenazas públicas, y entre ellos, los más avanzados – en el presente de la novela-, los Nexus 6.

Muchos de los androides que existen en la tierra son réplicas de humanos que alguna vez existieron, como en el caso de los personajes de Rachel Rosen y Pris Stratton, féminas del modelo Nexus 6 que son físicamente idénticas una a la otra. Son el mismo modelo, copias de un mismo prototipo, copias de un mismo humano orgánico. Rick Deckard dice en cierto punto, “There is no Pris, only Rachel Rosen, over and over again.” El referente ha sido liquidado: Rachel es un recuerdo propagado como un archivo de computadora, pasado de memoria en memoria.

La Rachel Rosen “verdadera” o “real” es un modelo de la sobrina de Eldon Rosen, dueño de la más poderosa organización productora de androides. La verdadera Rachel ha estado muerta desde hace décadas, pero aún persiste, como vestigio de una persona real, programada con su carácter y memorias implantadas. Rachel recuerda sentimientos y experiencias que no tuvo realmente, pero la simulación es tan real como la copia de Rachel Rosen. Rachel vive en negación y en terror ante la posibilidad de que podría ser mecánica. Por otro lado, Pris Stratton, aunque construida del mismo prototipo, tiene una programación completamente diferente; le han implantado otras memorias y ha desarrollado un carácter distinto al de Rachel. También, a diferencia de Rachel, Pris está consciente y hasta cierto punto, orgullosa de ser una obra de alta tecnología.

Los androides comparten solidaridad unos con otros; reconocen la individulaidad y personalidad de los demás y, reconociendo que son copias, no se dejan afectar por esta noción. Hay un pasaje donde Rick Deckard es confrontado por una Nexus 6, Luba Luft, quien es el objetivo de Rick Deckard en un contrato para retiro (o sea, asesinato). Luba, androide, es una cantante de ópera alemana, una copia de Luba Luft (cantante de ópera alemana).

Ella, con un malicioso sentido del humor, hace cuestionar a Deckard su “originalidad” mientras él está a punto de administrarle la prueba Voight-Kampff.  Administrar esta prueba es un procedimiento previo a “retirar” un androide. Mide reacciones físicas a situaciones emocionales que indican capacidades empáticas. Deckard ya le ha hecho varias preguntas cuando ella le afirma que ella no es un androide, y ofrece ayudarle, con toda dispocisión, a encontrar el Nexus 6 que él busca. Deckard le contesta:

 

“An android,” he said, “doesn’t care what happens to another android. That’s one of the indications we look for.”

“Then,” Miss Luft said, “you must be an android. […] Maybe there was once a human who looked like you, and someplace along the line you killed him and took his place. And your superiors don’t know.”

She smiled. As if inviting him to agree.

 

La presunción de Luba Luft es muy acertada, pero Deckard no se inmuta. Para los androides pseudo-humanos, las barreras entre lo real e imaginario han sido derrumbadas. El simulacro se convierte en lo verdadero: el constructo de humano, aunque constructo, como ha cambiado de definición, no indica realmente que Deckard no sea un hombre biológico.

A través de toda la novela, los androides demuestran la costumbre de mentir, creer sus propias mentiras, y luego – a su conveniencia – revelar la verdad luego del proceso. Por ejemplo, Eldon Rosen muy natural y calmadamente explica que su sobrina es sólo una “inocente humana” criada en las colonias y que, por tal razón, tiene destrezas empáticas subdesarrolladas. Cuando luego Deckard administra la prueba Voight-Kampff que hace que Rachel dude de su composición, su tío le admite que sí, en realidad es androide. Tras las muestras de preocupación y de desagrado hacia los androides, uno esperaría que Rachel tuviese una pataleta, pero sólo reacciona con leve desilusión. Una situación parecida ocurre con los animales. Los Rosen le ofrecen a Deckard un búho, supuestamente comprado en una finca de Canadá, donde aún queda “suficiente bosque”. Deckard debe firmar un contrato en el que acuerda a entregar la progenie del búho a los Rosen. Deckard rechaza la oferta. Un rato después de la reunión con los Rosen, antes de irse, les pregunta si el búho era real. Eldon Rosen le contesta: “It doesn’t matter; the owl is artificial. There are no owls.”

No hay búhos… y ya, es irrelevante.