Memorias Rebobinadas: The Road Warrior

Reseñas

En esta entrega, José "Pepe" Pesante se transporta al mundo post-apocalíptico de The Road Warrior.

Domingo, 17 de junio de 2012
Cero comentarios

Auspiciado por:

El thriller post-apocalíptico es uno de los sub-géneros más perdurables del cine y la literatura en tiempos modernos. Un escenario en el que la humanidad, o lo que queda de ella, se vea obligada a revertir a sus instintos primitivos para poder sobrevivir, es campo fértil para la creatividad del cuentista. Desde 1979, la saga de Mad Max se ha convertido en una de las mejores historias post-apocalípticas que se ha llevado a la pantalla grande. Con un actor novato llamado Mel Gibson en el papel estelar, el director australiano George Miller capturó de manera excepcional los elementos que logran que este tipo de historia sea efectiva: acción y violencia cruda mezcladas con momentos de intenso drama humano. La segunda de las películas de Mad Max, The Road Warrior,  fue estrenada originalmente en Australia en 1981 y el año siguiente en los cines de Estados Unidos, y fue considerada por muchos la mejor de las tres películas existentes (una cuarta película esta en pre-producción).

La saga, en especial esta entrega, toma su formato del género de las películas de vaqueros, sustituyendo el oeste por el desierto australiano. En ella reencontramos a Max Rockatansky (Gibson), ex-policía de autopistas, quien, tras la muerte de su familia a manos de una ganga de motociclistas (en el primer filme), vaga el árido y desolado desierto australiano en busca de combustible. En su camino se topa con un grupo de maleantes que aterrorizan a una comunidad de sobrevivientes que ha acampado alrededor de una pequeña refinería. El líder de los maleantes, un fornido psicópata conocido como Humungus, amenaza a los sobrevivientes para que huyan, y así la ganga pueda tomar control del petróleo. Aunque al principio está reacio a formar parte del campamento, Max se une al mismo en defensa de los sobrevivientes.

Recuerdo haber visto esta película varias veces en mi juventud. Re-visitarla ha sido una de las mejores experiencias, ya que se mantiene tan emocionante como siempre la he recordado. Esta es una secuela que resulta ser muy superior a la original, una excepción a la regla. Mel Gibson interpreta a Max como el arquetipo del “reluctant hero”, el que se convierte en héroe porque queda obligado por las circunstancias que lo rodean. El rol colocó a Gibson ante el ojo de Hollywood, llevándolo luego a participar en la serie de Lethal Weapon y convirtiéndolo en una mega-estrella. La actuación del resto del elenco también es excelente, desde actores con personajes tan memorables como el piloto del autogiro (Bruce Spence), Wez el maleante “punk” (Vernon Wells), Papagallo, el lider del campamento (Michael Preston) y el adorable niño salvaje (Emil Minty), hasta los extras de la ganga de maleantes.

La dirección de Miller es simplemente magistral, una que demuestra una madurez increíble, comparada con la primera entrega de la serie. La manera en que el cinematógrafo Dean Semler captura el paisaje australiano es una verdadera belleza, y añade  solemnidad a los momentos más sobrios y agilidad a las escenas de acción. Precisamente son estas últimas las que resaltan, editadas de una manera rápida y energética, que fluye frenéticamente y amplía la sensación de tensión. La música de Brian May (no el músico de Queen, si no el compositor australiano) acentúa con poderosos vientos cada momento importante, ofreciendo el complemento perfecto para los visuales en pantalla. La manera en que el escritor y productor Byron Kennedy utiliza elementos de la moda “punk” en los maleantes merodeadores es icónica, y la insinuación sobre la homosexualidad de Wez y algunos de los miembros de la ganga es deliciosamente subversiva. En fin, podríamos aislar cada elemento de la cinta y sólo tendríamos palabras de elogio, como podemos observar en la crítica que le otorga, hasta el día de hoy, 100% “fresco” en la base de datos de reseñas de cine, Rotten Tomatoes.

A través de todos estos años, The Road Warrior se ha convertido en una parte vital de nuestra cultura popular. El mundo post-apocalíptico que pintó ha sido emulado en tantas películas, series de televisión y vídeos musicales, que olvidamos que, si bien no se originó en este filme, en The Road Warrior quedó perfeccionado. Su influencia, entonces, es innegable.

Sigue la serie entera por aquí: Memorias Rebobinadas: 1982