Terror Entre Los Dedos: The Serpent and the Rainbow

Reseñas

Héctor Bauzó reseña The Serpent and The Rainbow, un subestimado clásico del terror de los 80.

Lunes, 24 de junio de 2013
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Bil Paxton compite por un premio de la academia por su interpretación de King Diamond.

Bill Pullman merece un premio de la academia por su interpretación de King Diamond en el afiche de The Serpent and The Rainbow.

La religión es uno de los temas más perturbadores y controversiales en el cine de horror.  Desde los legendarios exorcismos hasta los horrores del fundamentalismo, las creencias religiosas se prestan para explorar el lado más oscuro de aquellos creyentes que llevan al extremo su fe.  Por otro lado, las manifestaciones de entidades malignas y la influencia de x religión en un sujeto se prestan para darle otro giro a la clásica lucha entre el bien y el mal. Richard Donner, Roman Polanski y William Friedkin han usado el cristianismo  para contar algunas de las historias más espeluznantes en la historia del cine.  Con esto dicho, son bien pocas las veces en las que se ha trabajado con otras religiones que no son basadas en el cristianismo de una manera efectiva.  Es aquí donde entra Wes Craven, que salió de una racha media extraña entre películas clásicas y disparates como la versión de los 80 de Twilight Zone, para llevar a la pantalla grande una adaptación del libro de Wade Davis The Serpent and the Rainbow Quizás nos están timando con lo del arco iris, pero al menos hay todo lo necesario para contar una buena historia de horror.

The Serpent and the Rainbow cuenta la historia de Dennis Alan (Bill Pullman), un científico que – luego de beberse un té de campana y encontrar a su animal shamánico en el Amazonas – es enviado por una compañía farmacéutica a Haití para investigar una sustancia utilizada en rituales de magia negra que podría tener usos anestésicos.  Lo que hace a esta droga llamativa para dicha corporación es que la misma es capaz de revivir muertos, o al menos dejarlos balbuceando mientras vagan por las calles de Haití.  La llegada del doctor Alan a la península no le agrada al Dargent Peytraud (Zakes Mokae), comandante de las fuerzas paramilitares haitianas — quien también es un médico brujo — y este invierte todas sus fuerzas  en evitar que el doctor encuentre lo que está buscando.  Con la ayuda de la bella doctora Marielle Duchamp (Cathy Tyson), y Mozart, un médico brujo (pero de los buenos), interpretado por Brent Jennings, entre otros, el doctor Alan encuentra la mítica mezcla que revive a los muertos mientras este trata de evitar a las tropas del maligno (pero siempre sonriente) Peytraud.

En la década de los ochenta, esta película podía ser una de las experiencias más aterradoras que un fanático del horror podía encontrar en el cine.  Casi treinta años despues, la película no asusta tanto como debería, pero mantiene un buen balance entre la tensión y los momentos donde solo falta que Freddy Krueger se aparezca.  En ningún momento los personajes se sienten como caricaturas, lo cual ayuda a que uno se preocupe por estos y se interese en lo que está pasando en pantalla.  Las imágenes de rituales y las secuencias de las pesadillas del protagonista compensan en gran parte por la poca violencia explícita  en esta película.  Quizás este sea el film menos explícito de Craven en cuanto a violencia exagerada se refiere, pero en ningún momento me pasó por la mente que esta película necesitaba más violencia para entretenerme.  Los sustos vienen más por el ambiente, la trama y por los momentos en que Alan batalla con sus sueños y halucinaciones.  Hay una que otra decapitación y algunos cadáveres en estado avanzado de descomposición, pero nada como para llevar al espectador a dormir con las luces encendidas.

La temática sobrenatural de la película se podría prestar para momentos bastante trillados, pero Craven matiene la acción centrada en lo real.  Claro, estamos hablando de muertos caminando por las calles de Haití y Bill Pullman peleando contra un médico brujo, pero tampoco es que estarás viendo en pantalla a Peytraud lanzando rayos por sus dedos o Alan actuando como un asesino despiadado.   Aunque controversial, Craven trató de añadirle algunos elementos de fantasía a la historia para hacer de estos noventitrés minutos unos más entretenidos, aunque solo los implementó durante las pesadillas del doctor Alan y durante la batalla final.  Estas secuencias evocan a los mejores momentos de A Nightmare on Elm Street, aunque en The Serpent and the Rainbow es mucho más difícil distinguir cuando Alan está despierto o soñando con un zombie escupe culebras que le quiere comer la cara.

¿Aguantó The Serpent and the Rainbow la prueba del tiempo?  Me atrevo a decir que si.  La película aún es entretenida, cosa que me sorprendió porque esta película no es tan respetada como Last House on the Left, A Nightmare on Elm Street o Scream, pero muy bien merece el lugar que dos de estas tres películas tienen en el corazón de los amantes del horror.  Las actuaciones quizás parezcan acartonadas, pero funcionan muy bien y los personajes al menos tienen más personalidad que el personaje promedio en una película de Eli Roth.  A pesar de que la película no me asustó tanto como cuando la vi de niño, la tensión y suspenso de la misma hicieron lo necesario para mantenerme interesado en esta historia de poder, corrupción y la vida después de la muerte.