Godzilla (2014)

Ensayo

Reseñamos la excelente nueva versión de Godzilla, para que te animes a verla.

Jueves, 15 de Mayo de 2014
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Godzilla: 350 pies de puro amor.

Godzilla: 350 pies de puro amor.

Por cada reinvención cinematográfica exitosa, existen tantas más que nos dejan tristes y decepcionados. El tratar de balancear elementos originales de los personajes y trama con nuevas motivaciones, o por el contrario, hacer orígenes completamente nuevos que traigan a los personajes de un remake al tiempo moderno es un truco bien delicado, y sólo los mejores prestidigitadores fílmicos logran conectar los puntos correctos para crear el nuevo comienzo que deje satisfechos tanto a fanáticos del material original, como a los nuevos curiosos. Sabes que el truco está bien creado en la nueva versión de Godzilla, cuando el nombre del famoso rey de los monstruos es mencionado por primera vez en pantalla y evoca suspenso, y hasta terror.

 

Hay muchos otros momentos así en este filme, mostrando un respeto y reverencia al material original, específicamente al primer filme, del 1954. Todo gracias a que el director de ésta versión, Gareth Edwards, es fanático acérrimo del gigante japonés, reiterando en varias entrevistas desde el anuncio de que dirigiría ésta versión, que intentaba hacerle la justicia que merecía a Godzilla. Edwards logra eso y más.

 

En ésta versión, la existencia de Gojira/Godzilla es conocida no sólo por la milicia norteamericana, que trata de exterminarlo en el 1954, pero también por una enigmática compañía llamada Monarch que se encarga de encubrir la existencia de estos monstruos, llamados MUTOs (Massive Unidentified Terrestrial Organisms), por décadas. En el presente, el rampante uso de energía nuclear de la humanidad despierta a a MUTOs, entre ellos Godzilla. En el medio del despertar, están los humanos y mucha, mucha destrucción de vehículos y edificios.

Ni Cranston ni Taylor-Johnson salen de su asombro con el filme.

Ni Cranston ni Taylor-Johnson salen de su asombro con el filme.

 

En el centro dramático del filme se encuentra la familia Brody, encarnada por los actores Aaron Taylor-Johnson (Ford), Elizabeth Olsen (Elle), Juliette Binoche (Sandy) y Bryan Cranston (Joe). Ellos junto a un científico de la compañía Monarch, Ishiro Sherizawa (Ken Watanabe) que ha dedicado su vida al estudio de estas criaturas, protagonizan el lado humano de la historia, con variados grados de éxito que van desde regular hasta excepcional, afortunadamente nunca mediocre. El libreto, de Max Borenstein, le da pocas lineas buenas a muchos de los personajes que no sean encarnados por Cranston, y eso es una pena. Taylor-Johnson y Olsen, en específico, son encargados con mucho del bagaje emocional del filme y hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. Pero hablemos claro, cuando vamos al cine a ver una película como ésta, no esperamos ver un drama profundo de alto calibre, sino que queremos destrucción, y de la buena.

 

Afortunadamente, Edwards y su equipo no sólo nos dan destrucción excelentemente realizada en la pantalla, sino que, en una década que ha visto un incremento marcado en el “destruction-porn” cinematográfico, los estragos causados por estos monstruos se siente amenazante, verosímil,  y de alguna manera real dentro de la lógica interna del filme. Además de la destrucción que esperamos (y recibimos), el filme tiene varias escenas sencillamente preciosas, que muestran una buena conexión creativa entre Edwards y el cinematógrafo Seamus McGarvey (Avengers, The Hours), que en momentos me robaron el aliento como pocos visuales lo hacen en tiempos modernos. La música incidental de Alexandre Desplat, llena de poderosos tambores, cuerdas y vientos, es un emocionante acierto también, elevando muchas escenas de manera evocativa, sin caer en los clichés modernos de excesos electrónicos. Excelentes escenas de acción, con muchos momentos que francamente me emocionaron bastante, aceleran el filme desde mediados del segundo acto, creando un momentum que evoca el devastador paso del monstruo y su comparación como una “fuerza de la naturaleza”.

 

La nueva versión del legendario monstruo gigante japonés es una de las mejores películas de acción que hemos visto este año, y una que fácilmente puede convertirse en un filme de referencia para futuras generaciones. Utilizando los mejores elementos de aparatosos blockbusters de verano como Jaws y hasta Independence Day, y manteniendo tantos otros del filme original y su mitología, Edwards consigue lo que varios (incluyendo el director de ID:4) trataron y no pudieron: traer a Godzilla al siglo 21 de manera monumental.

 

Qué bueno que existe esta película. En serio, alguien tenía que hacerle justicia a Godzilla para quitarnos el mal sabor del desastre que fuera película del 1998.